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Seguimos juntos en esta lucha

Queridos alumnos:


Seguimos juntos en esta lucha y pedimos a Dios mantener viva la esperanza, la misma que sostuvo a Juana María en pie ante el sufrimiento de aquellas obreras. Nuestra oración diaria os tiene como centro: damos gracias por todos vosotros y pedimos simplemente volver a vernos.

Nuestra mirada experimentada de la vida nos hace caer en la cuenta de que hace unos días éramos inmensamente ricos… aunque quizás no valorásemos nuestras verdaderas riquezas. Unas semanas atrás planificábamos el viaje de verano, la próxima compra; y si alguna cosa modificaba apenas nuestros planes… ¡cuántas veces he visto enfados mayúsculos por que el móvil no funcionaba bien, porque no había wi-fi, o por otros “graves problemas”! Ahora deseamos únicamente poder pasear un rato fuera de casa y abrazar a nuestros amigos. ¡Un café compartido es ya un lujo! 
Nuestro horizonte mental está madurando –por desgracia- a la fuerza y rápidamente.

El mundo que conoceréis después de esta experiencia habrá de cambiar. Lo deberemos hacer cambiar entre todos. Será necesario que prestemos atención a las cosas que de verdad valen la pena y vivamos más austeramente. Qué bueno sería que leyéramos todos en familia la encíclica del Papa Francisco LAUDATO SI. Una luz grande se desprende de sus palabras, alumbrando posibilidades diferentes de vivir respetando nuestra “casa común”. Hemos de volver los ojos al agradecimiento por la tierra: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta y gobierna”, rezaba San Francisco de asís.

El agradecimiento nace del maravillarse por todo lo importante de verdad –ahora lo sabemos-: el aire que respiramos, el agua, el perfume de las flores, el silbo del viento entre los árboles, nuestros hermanos los hombres. Si explotamos de cualquier manera la grandeza y prodigalidad de nuestra “madre tierra”, nuestro destino inexorable es el sufrimiento. Si hacemos sufrir a la tierra –a los bosques, ríos, mares, a los seres vivos- demostramos ignorancia y necedad, pues “olvidamos que nosotros mismos somos tierra” (cf. Gn 2,7).
¡NECESITAMOS PARAR Y REFLEXIONAR!
¡NECESITAMOS SILENCIO!

Ahora alguno estará pensando… “ya tenemos bastante silencio”. No es el silencio dramático de las calles del que hablo. Pienso en el silencio interior. ¿Alguien ha oído crecer a un árbol? Ese es el silencio que hemos de procurar: el silencio creador. No podemos salir de esta situación sin cambiar a mejor y eso sólo lo lograremos si nos atrevemos a mirar hacia adentro. ¡No quiero que todo vuelva a ser como antes, ha de ser mejor! ¿Qué voy a cambiar yo para mi mundo sea mejor? ¿Me he parado unos minutos a pensarlo?

La realidad de nuestro aislamiento nos brinda la posibilidad de reflexionar juntos sobre nuestra el poder curativo del silencio. ¡Cuántas veces os pedimos silencio en clase para poder explicar algo! ¡Cuántas veces os pedimos que no os gritéis unos a otros estando a solo unos palmos de distancia! ¿Seremos tan necios que no descubramos ahora –insisto, a la fuerza- la belleza del silencio?
Busca lo mejor de ti mismo. Mira tu interior. Descubre la maravilla de lo que eres. Siente tu conexión –aunque ahora solo aparezca en tu mente el coronavirus- con toda esta aldea global que formamos los seres humanos. Solidaridad horizontal, con todos los que vivimos en este tiempo. Solidaridad vertical, con nuestros antepasados, que nos dieron lo mejor que tenían y nos legaron su sabiduría; también con lo que vendrán después de nosotros. ¿Qué les vamos a dejar como civilización? ¿Qué vamos a dejar a nuestros hijos? ¿Una espiral de prisas y adicciones? ¿Una felicidad basada en el comprar y desechar pronto para poder seguir comprando?

Si nos paramos un poco, podemos ver la belleza de las cosas simples y abandonar el consumismo que nos impide gozar de un vaso de agua fresca, como el lujo que es. Sólo si valoramos lo sencillo renunciaremos a los dioses de barro que nos están arrastrando a la infelicidad colectiva. Sólo si aprendemos a gozar del silencio seremos libres, más libres, todo lo libres que podemos ser en este mundo. Si hacemos del silencio parte de nuestra vida, seguiremos valorando las cosas que ahora descubrimos como importantes.
Diez minutos de silencio al día, puede ser la perla de sabiduría que nos deje esta herida global. Diez minutos para recordar que un día luchamos juntos por todos. Diez minutos para saborear el eco de aquellos aplausos de las ocho. Diez minutos de silencio por todos esos hermanos desconocidos que dieron su vida por nosotros. Diez minutos para que nunca nos sintamos solos, para que disfrutemos de esos lazos invisibles que nos unen y que solo emergen en las crisis. Diez minutos de silencio querido, buscado, para no olvidar lo que somos: hermanos.

Sabéis que os queremos y que esperamos, simplemente, vernos pronto.
Que Juana María Condesa, amiga del silencio, nos ayude a mantener viva la esperanza en Cristo.
Amén.

 

 

 

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El día 16/07/2020 ha implantado las medidas necesarias para cumplir con todos los requisitos y recomendaciones realizadas por las autoridades pertinentes.

El colegio sigue trabajando para asegurar el bienestar y la seguridad higiénico-sanitaria de los alumnos. 

 


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