María, "Madre de los Desamparados"

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DEPARTAMENTO DE PASTORAL

Queridos alumnos:

Avanzamos en este “Mes de María”, mayo, y nos acercamos con fe a la figura de la madre de Jesús, que en Valencia conocemos con fervor como “Madre de los Desamparados”.

Si lo pensamos un poco, todos somos en algún momento de nuestras vidas menesterosos, necesitados, desamparados. Buscamos sentido a los aparentes fracasos, a la misma vida que conlleva la muerte.

La Virgen María puede ayudarnos a cambiar la perspectiva, a descubrir nuestra vida desde la mirada de Dios. “Y vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno” (Gn 1,31), nos dice la Biblia en el relato del Génesis sobre la creación.
¿No es esa la mirada de una madre hacia sus hijos?

Cuando una madre mira a sus hijos, aunque conozca sus muchos defectos, los verá siempre buenos, porque los mira con los ojos del amor; es como un manto de cariño que cubre las imperfecciones del ser humano.
Nuestras madres -y María también lo es desde la fe-, nos enseñan la mirada de Dios: el amor. Y si nos fijamos un poco más veremos que, aunque las madres aman a todos sus hijos por igual, se preocupan más por aquellos más débiles. ¡Parece que en las madres brilla una de las claves de la fe cristiana! El Amor es incondicional para todos los hijos y se muestra en el cuidado hacia los más débiles.

María nos regala otra certeza de la fe: somos hijos en su hijo Jesucristo. Así se lo dijo Jesús –y ella lo transmitió a los discípulos- cuando estaba a punto de morir en la cruz: “Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo." Luego, dijo al discípulo: "Ahí tienes a tu madre." (Jn 19, 25-27).

María profundiza en otra de las claves de nuestra fe en Jesucristo: somos hermanos unos de otros. Nuestra devoción a la Virgen de los Desamparados implica una mirada de hermandad hacia todos. Aquí aparece el mejor regalo que podemos hacerle a una madre: vivir con amor la hermandad.

El cristiano se sabe hijo en el Hijo, hermano de todos los hombres.
Cuando no trato a mis semejantes –más allá de cualquier diferencia de raza, ideología, religión, sexo…- como a mis hermanos, me alejo del amor de Dios y sus certezas: “el amor es más fuerte que la muerte” (Cant 8, 6).

Juana María amó a todas las personas, y buscó a las más débiles, pues sabía que sólo eso es amar. Acogió a todas cuantas la necesitaron. A todas las trató como a hermanas, compartiendo lo que era y tenía. Su regalo fue saber que estaba muy cerca de aquel Jesús a quien conoció en las Escrituras: “Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40); pues según Jesús, hermandad significa identificación de vida.

Los profesores de Esclavas también queremos educaros en la hermandad de los seres humanos. La fe en María, Madre de los Desamparados, nos alumbra el camino. Nos queda recorrerlo juntos.

Recibid nuestro abrazo.

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